
Tus piedras y mis pasos,
ambos fríos, ambos viejos.
Me observas como a tantos
que han pasado y te han pisado,
te han mirado, y te han llorado.
Llorando me alejé,
llena de tu color calizo,
de tus plazas y tus conchas,
de tus gárgolas...
y vacía de los besos
que escondiste en tu azar.
Me prestaste esos besos,
pero no me los diste.
Ana Mª Álvarez ©
2 comentarios:
Precioso poema y preciosa fotografía.
Me has reecordado Salamanca, que tiene muy bellos recuerdos para mi....espléndido poema...un abrazo de azpeitia
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