martes, 12 de julio de 2011

Amor de padre

¡Soy inocente! Sólo fue un ataque de impulsividad, sólo eso. La situación se me fue de las manos. La insulté, vilipendié y golpeé, sí, pero no fue culpa mía. Si ella hiciera las cosas como hay que hacerlas, a mi manera, no se me hubiesen nublado los sentidos. No soy un maltratador. Le golpeé esa calabaza que tiene por cabeza porque me iba a denunciar. Buscaré la manera de convencerla para que quite esta maldita orden de alejamiento interponiendo un recurso, pidiendo un indulto o lo que sea necesario. Volverá a mi lado. Y entonces, sutilmente, blandiré el acero de mis palabras, desquiciándola, para que ella misma se lance por un puente sin tener que manchar mis manos de sangre. Los locos se suicidan ¿no es cierto? Así estaré libre de culpa… Y como soy bueno, mi hija ya sólo podrá quererme a mí...


Ana Mª Álvarez Barroso © 2010

4 comentarios:

Arruillo dijo...

Una realidad tan tremenda que sólo quien la vive de cerca sabe lo que es eso. ¡Qué lástima, que los seres humanos seamos tan primitivos en determinadas situciones! y que pena que el raciocinio no se activase a la velocidad de la luz.
Un beso

Galeote dijo...

Triste realidad pero cierta, de una sociedad todavía disfrazada en costumbres de pensamientos y comportamientos abusivos.
Observando el surco del tiempo, no llego a comprender ¿cuál y por donde camina la evolución del homo sapiens?

Un abrazo.

Ana Álvarez dijo...

Sí, Arruillo, hoy en día el ser humano sigue siendo "primitivo", yo no lo hubiese definido mejor. Gracias por venir a visitar mi casa virtual.

Amigo Juan, llevas toda la razón en cuanto a la "máscara" de nuestra sociedad. Ojalá sólo se usase en carnaval. Pero desgraciadamente no es así, y muchos hombres la llevan para no mostrar su verdadera cara. Un beso muy grande, amigo poeta.

romi dijo...

Que triste realidad, una pena que pasen esta cosas.

Besos