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sábado, 18 de diciembre de 2010

Balance



















Llega de nuevo Diciembre, el mes que contiene más olores, sabores y recuerdos del año. Ese mes en el que todos hacemos propósitos para el año que se avecina, y que casi nunca, por no decir nunca, cumplimos al adentrarnos en él. Diciembre, frío y con olor a castañas asadas en las calles, con niños de la mano de sus padres a la espera de entrar a ver un portal de Belén, a la espera de un Papá Noel que no nos corresponde pues nuestra costumbre siempre ha sido esperar a esos tres Reyes Magos que, en la madrugada del 5 al 6 de enero, nos dejaban los juguetes, regalos e ilusiones en el salón de nuestra casa, o debajo del árbol, o a los pies de la cama.

Mes de añoranzas, en los que todos echamos de menos a ese alguien especial que ya no está, y que nos enseñó a saborear el verdadero sentido de la Navidad.

Yo solía mirar cómo mi madre adornaba el arbolito que solíamos poner en el salón. Lo hacía con esmero, como sólo ella sabía hacerlo; poner los corchos del Belén, pegar estrellas de papel de plata en un cielo repetitivamente azul que pegaba con chinchetas o cinta adhesiva, y colocar las figuritas delicadamente, dejándonos acercar cada día un poco más los tres Reyes al Pesebre, para así anunciarnos la llegada de estos a nuestra casa.

Ahora que ella no está y se avecinan las fiestas, me invade la melancolía y la tristeza; no podrá disfrutar de su primera nieta, mi pequeña princesa, la cual pasará sus primeras Navidades a mi lado. Ella es el mejor regalo que la vida me ha entregado. La miro y es como el Mesías del Portal, dulce, tierna, frágil, y rebosante de amor y bondad.

Ahora que mi madre no está, yo seguiré sus enseñanzas y repetiré todos aquellos recuerdos dulcísimos que me abordan a borbotones con el cercano olor a mazapán y turrón, y mi hija irá atesorando las vivencias que yo le ofrezca para, en un futuro, añorarlas como yo las añoro ahora y, a su vez, repetirlas con sus hijos.

Llega de nuevo diciembre, la Navidad, y con ella, un año que se va...


Sí, el año se va...

Nunca me han gustado los balances, tal vez por mi arraigado amor a las letras y odio a los números, tal vez porque repasar lo pasado, implica recordar no sólo lo bueno, sino también lo malo, traer a tu presente lo que no puedes cambiar, ni borrar, ni deshacer, pero sí evitar en un futuro.

Se va el año... este año 2010 que me ha traído tantas cosas y tantas que se ha llevado; llegó sin avisar, como todos los días llegan, como van llegando todos los años,

como igualmente se van, llevándose con ellos miles de sensaciones, dejándonos tan sólo el sabor de algo que ya no nos pertenece. Y somos tan absurdos que lo festejamos, nos reunimos familiares y amigos para comer como si nunca lo hubiésemos hecho, nos vestimos de fiesta, nos maquillamos de risa, con coloretes de alegría y falsedad, para dar paso a otro nuevo año incierto, con una agenda plagada de buenos deseos, de propósitos y de sueños que tal vez no lleguemos a materializar, pero que nos mantienen con esperanzas.

Otro año absurdo, donde volveremos a hacer balance del anterior, recordando los "debe" de cariño y los "haber" de desidia y egoísmo. Absurdos... como las fechas, como los calendarios, como los días tachados, los domingos en los que no descansas, los festivos que nunca compartes...

Se va el año, este año que me ha traído dolor, soledad, desorden y desapego...

pero que a su vez me ha permitido confirmar que la distancia no es un abismo que separa los corazones de las personas que se quieren, de los amigos que te recuerdan; que me ha envuelto en el calor de mi familia, que me ha permitido volver a estar cerca de mis verdaderos amigos. También me ha traído el amor: amor de madre, amor que me inunda y me convierte en la persona más plena del universo; un amor indescriptible e inigualable que nada ni nadie podrá superar.

Sí, se va el año… y se llevará consigo mi otro yo, el que calló y sufrió, el que dormía con lágrimas y despertaba ajado, el que –aún estando acompañado- estaba solo, el que no recibió el amor que esperaba haber recibido aún a sabiendas que no se puede sembrar en tierra baldía porque nada recibirás de ella.

Llegará el 2011, y lo esperaré con mi pequeñina en brazos, con uvas, con alguna prenda roja, y un anillo de oro o una lenteja dentro de mi copa, engañando a la superstición con la mentira de creerla.

Y la nueva agenda está en blanco, porque los deseos no pueden ser escritos con tinta roja, ni te los recordará un marca páginas cuando llegue el momento de realizarlos. Yacen en el aire, dormitando, o tal vez non natos y sin forma. No los vemos, pero los presentimos, casi los palpamos cuando pensamos en ellos...

Por fin se va el año, año viejo, hacia el arcón del pasado, para algunos siempre entreabierto, para otros cerrado a cal y canto.

Adiós Diciembre. Adiós a este año que casi se despide. Éste año que no empecé a vivir hasta que sentí a mi hija en mis brazos, hasta que no comencé una nueva vida lejos del pasado, hasta que no he vuelto a ser yo misma. Año que no he vivido, pero que sí he sentido.

Ana Mª Álvarez © 2010

lunes, 5 de abril de 2010

Video entrega de premios "Amor en el tiempo" Canal-Literatura


Es grato tener el recuerdo de momentos entrañables, tanto en imágenes como en video. Y gracias a canal-literatura es posible que pueda compartir con vosotros un instante muy especial para mi, como fue la entrega de premios Amor en el tiempo, donde tuve la suerte de recibir la 1ª mención especial. Reconozco que me cuesta mucho presentarme a concursos, pues nunca veo la suficiente calidad en mis textos como para enviarlos. Ahora me alegro de haber presentado tal microrelato: "Y tú te irás". Con él mi pequeño homenaje a la maravillosa historia de amor entre Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Para leer el texto pinchad en entradas antiguas 2009-Junio, con el título anteriormente mencionado.

Canal-Literatura, muchas gracias por el video y gracias por todo.

miércoles, 29 de julio de 2009

Memoria de mi 1ª Mención en Murcia




















Carmen Posadas y Carlos Marzal, haciendo entrega del premio.


Este año se presentaba doblemente hermoso, pero no doblemente esperanzado: llegaba a Murcia como finalista de “Poemas sin Rostro” y también de “Amor en el Tiempo”. Era consciente que mi seudónimo Lady of Shalott no sería pronunciado entre los ganadores de poesía, y de hecho así fue. Pero estaba feliz con la decisión final de los ganadores seleccionados, y me sentía satisfecha sabiéndome entre los diez que habían pasado esa difícil criba. Eso ya era todo un logro poético y también un gran premio.

Pero los nervios empezaron a tensarse cuando, de momento, subieron al estrado los padrinos del acto: Carmen Posadas y Carlos Marzal. Había llegado el instante, ese tremendo segundo fatídico en el cual no hay marcha atrás. Y cuál fue mi sorpresa cuando, tras decir el nombre de la ganadora de “Amor en el Tiempo” y mostrar el Biscuit francés otorgado como premio, agregaron unas palabras sobre la dificultad de la elección de un único ganador, y la decisión de hacer dos menciones especiales. ¿Cómo era eso posible? Nunca había sucedido algo así. Y entonces escuché mi nombre... 1ª mención especial para “Y tú te irás” –sí, sí... mi seudónimo y el título del relato era el mismo- y mis piernas temblaban como si hubiesen sido de alambre. Estaba demasiado emocionada, tanto que casi no podía sonreír, contenida, porque sentía que los ojos se podían rebosar en cualquier instante, y templada porque con ese relato hice, de corazón, mi mejor homenaje a Zenobia Camprubí, una gran mujer que estuvo toda una vida a la sombra de un gran poeta, dejándolo todo por él, por amor.

Nuevamente Murcia me ha regalado una noche llena de magia, cena, amigos, encuentros, poesía, literatura, buena compañía, y una 1º mención especial en el premio Amor en el Tiempo, que para mi significaba mucho, y es imperecedero.

Esa noche sólo me faltó un beso de mi madre, enviado en una estrella, para que hubiese tenido más brillo si cabe.

Gracias Canal-literatura por tantos y tan gratos momentos.


Ana Mª Álvarez Barroso - Sevilla (España)

1ª Mención Especial "AMOR EN EL TIEMPO"


jueves, 21 de mayo de 2009

LA SEDUCCIÓN, EL TIEMPO Y EL ABURRIMIENTO


LA SEDU
CCIÓN y EL TIEMPO

No hay nada más embriagador que conocer a alguien y sentir ese feeling indescriptible e imposible de definir. Así llegan a cometer grandes locuras muchas parejas. Encuentros donde las miradas hablan sin necesidad de palabras, las pestañas abanican el entorno perfumándolo todo con un aroma intenso y sensual, los labios perfilan cada frase con la fragilidad de una pluma... cada movimiento es un cántico al acercamiento, una evocación al roce, una provocación sutil.

Cada día que pasa acrecienta el deseo, aumenta las ganas de volver a encontrar frente a frente esa mirada que te embaucó, esa silueta que a contraluz puedes dibujar con los ojos cerrados, esas manos que quisieras no soltar mientras haces un paseo por el mapamundi de su cuerpo. El juego del erotismo. Y un nuevo encuentro anhelado. Los suaves roces al cruzar las piernas, hablar al oído del otro jugueteando un poco rozando el cabello y la piel del rostro...

Todo esto no deja de ser el arte de seducir, de jugar al erotismo y a la sensualidad, al brillo de los sentidos y a desplegar todas las artes para que éstos se despierten. Unido al tiempo, a la espera, a los encuentros y desencuentros, al cuerpo a cuerpo, y al grado de afinidad y compenetración que se vaya creando entre las dos personas, los sentimientos irán sometiéndose progresivamente a un cambio; un proceso tan sumamente imperceptible que, cuando se es consciente de ello, no tiene remedio ni vuelta atrás.


EL TIEMPO y EL ABURRIMIENTO

¡Maravilloso! Hemos logrado nuestras pesquisas. Tenemos a nuestro lado al ser más maravilloso de la tierra, al más sublime. Días enteros para arrullos, mimos, hacer el amor hasta la saciedad, charlas, salidas y entradas juntos... ir de compras, hacer la comida, limpiar el baño cuando el otro lo ensucia, quitar el sujetador de ella de los pies de la cama por la mañana tras hacer el amor por la noche, quitar los calcetines sucios de él metidos dentro de los zapatos, sacar al perro...

Las cosas empiezan a cambiar, pero ¿a causa de qué? ¿la convivencia? ¿la rutina? ¿el tiempo? Quizá la seguridad de saber que esa persona la tenemos siempre ahí nos hace sentir confiados, tranquilos y despreocupados, dejamos que el TIEMPO nos coma el terreno, y no se lo dedicamos al otro/a. ¿O acaso no es cierto que cuando al llegar a casa después del trabajo, ella pone la excusa del cansancio y prefiere ver cualquier serie boba, en lugar de ponerse un vestido sexy y salir a tomar esa copa que a él le apetece tanto tomarse con ella? ¿Y a que él entra en casa diciendo que ha tenido un mal día, se enfrasca en el ordenador a jugar un solitario o similar, en lugar de acercarse a su chica y hacerle esos mimos que tantas veces solía hacerle sentados en el sofá, mientras se contaban las cosas del día y del trabajo?

Al final todos podemos ser una de esas tantas parejas aburridas que vemos en miles de terrazas de verano, uno junto al otro, con las miradas ausentes, cada cual en su mundo como si fuesen extraños, en vidas perpendiculares (que no paralelas). Quizá por eso existan los amantes, porque ponen ese punto de locura y pasión, de feeling inicial que ya no se tiene. Quizá por eso hay personas que cambian frecuentemente de pareja, porque en cuanto se acaba la pasión y el fuego, necesitan una nueva chispa. Quizá, y hablo en general, porque en ningún momento estoy personalizando el tema, somos egoístas, y no somos capaces de tolerar las dificultades que nos impone la vida.

A lo bueno nos apuntamos todos, a lo hermoso, a lo excitante, a lo que nos hace estremecer, a todo lo que acelera nuestro corazón, lo que nos pone a mil, lo que nos hace sentir vivos; pero rehuimos de los compromisos, de las responsabilidades, de aceptar no sólo lo bueno sino también lo malo de las cosas, la cara y la cruz de la moneda. Y el tiempo, esa carta que a veces juega a nuestro favor y otras en contra, no deja de ser un aliado y una fuente de sabiduría de la que siempre deberíamos beber, porque sin tiempo nunca habríamos llegado donde justo estamos en este momento para poder mirar hacia atrás. Y eso significa que hemos vivido, acertando o errando.

No caigamos en uno de los mayores errores: la DESIDIA y el ABURRIMIENTO, ya que son el verdadero cáncer de cualquier relación.

Quizá el lema sería: Un pellizco de seducción a tiempo, evita el aburrimiento.

Ana Mª Álvarez ©

jueves, 26 de marzo de 2009

POEMAS RECITADOS

La voz en los poemas es importante para el significado de los mismos. Un buen rapsoda puede hacer de unos versos ramplones, una interpretación tan sublime, que hasta parezcan dichos versos de una calidad mucho mayor de la que en realidad poseen. Por el contrario, una mala interpretación, destrozaría la mejor composición poetíca antes jamás recitada.

Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre... y muchos más poetas tanto clásicos como modernos, nos han dejado el legado de su voz. Escuchar a Antonio Gala o a Luis García Montero recitando sus versos, es la mejor manera se entender su obra, de sentir cómo enfatizan y sienten cada momento, cada sílaba, cada letra. Porque nadie como el creador de un verso alado, que tras nacer, revolotea hasta posarse en el papel y se hace libre, sabe cómo acunar con su voz -mejor o peor- cada mimoso trozo de su ser que ha dejado entre morfema y morfema.

Es por ello que me he atrevido, y me atrevo, a iniciar un nuevo apartado, recogiendo mis versos recitados por mi misma. En un tiempo no muy lejano, comencé a hacerlo por entretenimiento, con pocos medios y mucha voluntad; y a raiz de empezar a hacer un programa de poesía en "radio41ypico" en internet, durante varios años, me aficioné a seguir grabando poemas tanto míos, como de otros poetas, tanto clásicos, como noveles.

Espero que esta sección sea de vuestro agrado.

sábado, 21 de marzo de 2009

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

“Como un día de catarro, que llega de repente y sólo quieres que se acabe la tiritera, los fríos y calores, como ese no poder respirar, porque notas que te asfixias, y sobre todo porque no puedes soportar esa interminable cantinela que familia y amigos repiten insoportablemente: “no te preocupes, con un paracetamol y un poco de leche caliente, se te pasará pronto”… Por todo eso, hay días que son insufribles.

Pero no porque te sientas mal, y es cierto que te sientes. La realidad es que no puedes soportar con la facilidad que los otros solucionan lo que para ti en este momento te fastidia, o te puede estar fastidiando. Porque ellos no saben que tú has hecho planes, querías haber salido a un café-bar donde iban a hacer una tertulia poética-literaria, y llevabas poemas para recitar (cosa que te hacía tremenda ilusión); además, iba a participar un cuentacuentos que, por lo que tenía entendido, lo hacía muy bien y llevaba tiempo a la espera de verle en directo. Entraba también en mis planes (dichoso catarro y dichosa la fiebre que me ha tirado a la cama), haberme acercado a la Biblioteca Nacional, y a diferentes librerías, donde (¿cómo no?) hacen sus alardes magistrales de amiguismos con los poetas invitados, para que reciten sus versos. Nadie entiende que al final, ni sales, ni ves nada, estás con el cuerpo como si sobre él te hubiese pasado una apisonadora, y ni Día Mundial de la Poesía, ni nada…”



En realidad, esto no deja de ser una pequeña historia para enfocar el día 21 de marzo desde un punto de vista diferente. Cuando la UNESCO decidió proclamar este día como Día Mundial de la Poesía, lo que no sabía es que ya, para muchos de nosotros, no sólo lo era un día, sino todos los días del año. Y no por escribir uno, dos, cien poemas; sino porque, es parte de nuestra esencia y de nuestra existencia. Que no nos digan que es un día para homenajear o conmemorar , y que así se honran los valores humanos y la hermandad entre este arte y los demás (la danza, la pintura, la música); pero aunque quieran acercarla, cosa muy lícita pues hay que “enseñar al que no sabe” y abrir nuevas fronteras a esta pequeña joya que, desgraciadamente, es el disfrute de unos pocos, que afortunadamente somos muchos, siempre seremos los “hermanos pobres” de las demás “artes”. La poesía es un “modus vivendi” y aún no se ha podido definir, por mucho que se quiebren la cabeza los sabios y eruditos.
Somos muchos, muchos, para disfrutar de éste y de muchos más días como este, aunque no sean 21 de marzo.


Ana Mª Álvarez ©