Guiña sus ojos, dándome los buenos días,
amanece suave, tierna, dulcemente,
el sol radiante como una extraña carpa
se extiende sobre la tierra adormecida.
Descubre lágrimas de luna entre las flores,
desgrana cantos misteriosos de jilgueros
y me despierta con sus brazos amarillos
para que nazca de nuevo en este mundo.
El sol es hombre, robusto y aguerrido,
que me posee cada mañana, mientras duermo,
me mordisquea con sus labios caldeados
y calienta mis escarchadas sábanas.
Si como a un reo me permitiesen un deseo
tal vez pidiese morir amaneciendo,
para llevarme en mi viaje sin retorno
el beso eterno del sol sobre mi rostro.
Ana Mª Álvarez ©
Hoy siento mi corazón.
Hace 2 semanas








2 comentarios:
Excelente poema, y sobre todo esos cuatro versos finales, merecedores de figurar en cualquier antología de la mejor poesía española.
Mi enhorabuena.
EL deseo, ese que todo lo puede...
precioso final
un abrazo
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